Que no se confunda a la gente, ni al viajero en general. Etiopía es un gran país, una potencia emergente y su pabellón de bandera una gran línea aérea. Ethiopian Airlines, con base en el fabuloso aeropuerto de Adís Abeba, tiene una flota de aviones más que moderna y esto nos gusta aflorarlo en primer lugar.

Lo decimos ya que la primera impresión, al conocer la fatal noticia de este fin de semana, nos puede llevar hacia comentarios bastantes despectivos al cruzar la información y procesarla en nuestras cabezas entre el tercer mundo y la aviación.

Pues va a ser que no. Resulta que la reputación de la operadora está por encima de la media y va a darse el caso de que la fiabilidad de las últimas generaciones del avión americano, tienen algún problema “oculto” que ya no puede negarse en más ocasiones.

Que conozcamos las últimas tres desgraciadas ocurrencias pivotan ante un mal endémico del avión, aparato por cierto que lleva operando más de treinta años y que en sus últimas versiones se cuentan por más de 500 entregas adolecen de una fiabilidad razonable.

Prueba de ello es que las autoridades ya están actuando y tenemos ante nosotros el posiblemente mayor siniestro de grounding de los últimos tiempos, al dejar en tierra la flota hasta que no se termine de investigar y subsanar los posibles defectos.

La seguridad aérea es una prioridad de grado máximo. Si hubiera sospecha alguna de fallo en el producto, nunca se debiera consentir su explotación, y por supuesto volver a recuperar la confianza en la marca y en su reputación debe ir másallá de las oscilaciones bursátiles.

Las consecuencias son imposibles de predecir en estos instantes y no seremos nosotros quienes debamos vaticinar el futuro, pero nos consta que la preocupación en el sector es máxima, empezando por los propios tripulantes hasta los aseguradores que tendrán que soportar un elevadísimo coste por cada minuto que para un avión repercute en la cuenta de explotación del operador.

Natxo Vadillo – Compitte by Ags

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