Permítanme utilizar tan jocoso titular, obra y gracia de mi querido suegro, pero es que no salgo de mi asombro.

Desayunando esta mañana, veo en El Correo un artículo, cuyo autor es Fernando Iturribarría, con el siguiente titular “Chapuza a todo tren en Francia”.

La historia es que, la red regional de ferrocarriles de aquel país, ha adquirido recientemente 2.000 vagones que tienen una anchura de 20 centímetros superior.

Los ingenieros de la compañía estatal, no se tomaron la molestia de tomar medidas antes de realizar el encargo a las empresas constructoras Alstom (Francesa) y Bombardier (Canadiense) y por consiguiente ahora tienen que reformar 1.300 andenes ya que de lo contrario los convoyes no pueden acceder a las estaciones.

Se calcula que el error puede costar 50 millones de euros para paliar las estrecheces como dice textualmente su autor.

El tan presumido chauvinismo – por cierto siempre envidiado por un servidor – de los Franceses está ahora francamente tocado  por tan “rocambolesca y cómicamente dramática situación”, ya que es inadmisible que al final, como siempre, paguen los contribuyentes  o los viajeros y los responsables sigan a sus anchas.

La moraleja que nos enseña este clamoroso error es que ahí a fuera, si al norte, también meten la pata. Que como dice Cholo Simeone, si se quiere, se cree, con trabajo y día a día se materializan las ilusiones. Que en España tenemos que creérnoslo más y llegar a estar tan orgullosos de nuestra tecnología y nuestras empresas como los demás.

Y que por otra parte como humanos que somos podemos meter la pata y por tanto tenemos que protegernos adecuadamente, vía industria aseguradora, para paliar los perjuicios patrimoniales ocasionados a terceros y no vaciando las arcas del estado.

Natxo Vadillo – Compitte –