Durante el ecuador de agosto, en mi tierra, concretamente en Salvatierra un voraz incendio, consumió en unas horas la conocida empresa quesera Aldanondo.

Aproximadamente dos millones de kilos de quesos se derritieron consumidos por las llamas.

El mazazo en la comarca fue enorme, y aún hoy en día, lamentablemente, durante un tiempo hasta la reconstrucción definitiva.

Días después, escuché en la radio que preocupaban las consecuencias medioambientales, por la gran cantidad de agua y de agentes extintores que se evacuaron para extinguir el incendio, acompañado de la mezcla de los materiales constructivos y las mercancías.

Mi deseo en utilizar este ejemplo viene derivado del más que necesario análisis que debemos realizar y que nunca o rara vez apuntamos en esta línea a la hora de suscribir un programa de seguros industrial.

Y es que, de acuerdo con la Ley en vigor, de riesgos medioambientales, la contaminación de los acuíferos subterráneos derivadas de consecuencias accidentales como el caso que nos ocupa, son claramente sucesos enmarcados en su doctrina.

El esfuerzo que tenemos por delante que acometer todos los profesionales que nos dedicamos a este oficio es brutal, en tanto y cuanto queda todo por hacer, dimensionando adecuadamente suficiente capacidad en este tipo del ramo del seguro muy concreto que es medioambiente.

Natxo Vadillo – Compitte –