Apenas ha pasado una semana de mandato y se ha demostrado que las precipitadas actuaciones del presidente americano amenazan con cumplir a rajatabla su programa electoral.

El miércoles 25 se reunió con los tres grandes fabricantes de automóviles americanos para adoctrinarles de sus medidas políticas populistas.

Subir aranceles a la importación de vehículos y componentes fabricados “extramuros” para defender una economía basada en el auto consumo y el auto abastecimiento de una nación tan potente, son las claves de su mensaje al margen, de otras muchas más políticas de índole xenófogo, que de alguna manera se las promete muy favorables para seducir la economía americana.

De los tres grandes, Ford y Gm siguen siendo “puros”, sin embargo, Chrysler tiene el poder de decisión en Italia al ser propiedad del grupo Fiat. Por consiguiente ¿dónde recae la soberanía patria? ¿Hasta qué punto un mandatario político efímero, debe imponer decisiones totalitarias sin respetar las estrategias de las empresas? Y, además, un país con marcado y elevado peso exportador de bienes de consumo, ¿no es cuando menos suicida?

¿Qué pasaría si todos los demás hacen lo mismo y dejan de comprar productos americanos para proteger los suyos?

Como bien dice Ignacio Marco-Gardoqui en su crónica económica, “la humanidad ha practicado ambos modelos. El de la protección absoluta ha producido siempre escasez y penuria, mientras que la libertad amplia nos ha traído bienestar y desarrollo”.

En esta ocasión el bueno de Marco-Gardoqui, hacia la mención a raíz de la ponencia que la patronal Vizcaína Cebek lanzó a modo de llamamiento para que la administración y las empresas prioricen las compras locales.

Singularmente creo que todo esto es una entelequia y ante “llamamientos a filas” a lo mejor hay que pregonar primero con el ejemplo, consumiendo lo que llaman “Km 0” en productos y servicios con similares garantías de precio y calidad.

Será que uno no es profeta en su tierra.

Natxo Vadillo – Compitte –