Con la intervención del gobierno francés, ante el escándalo de la contaminación por salmonelosis, de la leche infantil destinada a bebés de entre cero y seis meses, los propietarios del gigante alimenticio han entonado el mea culpa.

Al grupo lácteo se le ha exigido mayor transparencia ante la crisis que todo parece indicar procede de un foco de su planta de Craon al oeste de Francia.

Han reconocido que tienen un problema y que van a responder indemnizando a todos los perjudicados que al día de hoy se cuentan por decenas en Francia, un presunto caso en Grecia y otro confirmado en España, en concreto en Euskadi.

Ni que decir tiene que este lamentable suceso, pondrá en marcha toda la maquinaria que previamente se habrá ensayado, de planes de contingencia tanto del fabricante como de los distribuidores, ya que hay que actuar con máxima diligencia para evitar en lo posible más problemas.

Para los padres de los bebés afectados, que ya se han constituido en asociación de familias de leche contaminada, apuntan por igual a los responsables de los supermercados y farmacias que distribuyen, y se prestan a llevar también a estos últimos ante la justicia.

Y es que como tenemos costumbre en divulgar en Compitte no son baladí riesgos como los que nos ocupa. Dios quiera que no tengamos ningún bebé con su estado de salud comprometido y que acabe en una pesadilla sin mayores consecuencias para la vida.

No cabe la relajación. Los procesos tienen que ser robustos, permanentemente inspeccionados, en búsqueda de áreas de mejora, que velen por la seguridad y la salud de los consumidores, más aún seres tan frágiles e inocentes.

Natxo Vadillo – Compitte –