En su día el dieselgate nos escandalizó por su enorme estafa, más aún originaria del país teutón considerado mundialmente como una referencia en el saber hacer.

Ahora ni más ni menos que desde Japón nos desayunamos con otro mayúsculo escándalo industrial. Crisis corporativa que deteriora la imagen del país, igualmente tierra de empedernidos trabajadores donde la seriedad, el sacrificio y el rigor es máximo.

Se estima que entorno a quinientas empresas relacionadas con la automoción, el ferrocarril, la construcción, el transporte, las maquinarias, el sector eléctrico y la aviación pueden estar valorando retirar sus productos del mercado por seguridad.

Kobe Steel es el tercer mayor fabricante de acero del mundo, quien recientemente ha admitido que había falsificado los datos sobre la calidad de sus productos, incluyendo, además, aluminio, cobre entre otras aleaciones, en total dieciséis subproductos.

Obviamente las acciones de la empresa han caído estrepitosamente, pero lo que aún es más importante, la credibilidad de Kobe Steel cayó a cero como dijo su presidente de la firma, Hiroya Kawasaki.

Frente a un escándalo de esta magnitud, el gobierno japonés se vio obligado a intervenir, pidiéndole a la compañía que entregue un informe sobre la seguridad de sus productos.

Los interrogantes sobre cómo fue posible que por tantos años los controles de calidad fallarán es ahora mismo una prioridad ya que hubo decenas de empleados involucrados durante una década.

Y es que la calidad no es una simple certificación, se lesiona gravemente la seguridad, se compromete la confianza del mercado y el bienestar de los consumidores finales, siempre que bien por exceso de confianza, bien por liderazgo o simplemente por gestionar ante el cumplimiento del expediente, se termina entregando productos bajo el prisma del cumpliendo y mintiendo.

Natxo Vadillo – Compitte –