Durante la década de la burbuja inmobiliaria, la Junta de Castilla La Mancha, contrató un proyecto de arquitectura de un polideportivo a un de sus técnicos, cuyas características deberían de responder a un uso concreto multidisciplinar.

Así, Francisco Jurado, reputado profesor de la Universidad Politécnica de Madrid, había construido un pequeño deportivo en Yuncos (Toledo). La Junta, pagó el encargo y luego lo reutilizó.

Dos de sus alumnos, durante estos años han recorrido los 80.000 kilómetros cuadrados de extensión de la región registrando para sorpresa de todos cerca de una centena de polideportivos idénticos.

Lo jocoso del asunto es que su autor, que definió el proyecto pionero de acuerdo a una orientación, para unos usos concretos, desconociendo la voluntad política de multiplicarlo, en la actualidad nos encontramos con edificios que tienen un rosario de errores que los autores del fotolibro que ilustra este desastre arquitectónico lo describen perfectamente.

Patologías como puertas que se abren contra un muro sin salida, pasarelas para discapacitados tan hermosas como el propio edificio, instalación de oficinas bajo las gradas con ordenador y nevera, porches de hormigón que cuando llueve ocasionan una enorme cortina de agua, etc…

Me recuerda este despropósito urbanístico a la época de la guerra fría, dónde el mundo comunista replicaba y replicaba anodinos edificios residenciales. Colmenas con materiales efímeros pensados para una duración concreta, que hoy por hoy son un castigo para sus moradores.

Si es que parece mentira, pero desde luego no aprendemos y continuamos cometiendo sistemáticamente clamorosos errores la mayoría de las veces motivada por la economía de unos en beneficio de otros pocos.

Natxo Vadillo – Compitte –

Nota. Imagen propiedad de El País.