Recientemente gracias a un periodo vacacional, he podido viajar a las Islas afortunadas, en concreto a Tenerife a bordo de un Boeing 787-8 Dreamliner, propiedad de la línea aérea Air Europa.

La familia Dreamliner al inicio de siglo, fue una puesta clara del fabricante americano, por la utilización masiva de materiales compuestos además de la investigación y desarrollo de nuevos motores más silenciosos y sobre todo más eficientes.

Su camino fue tortuoso al igual que el Airbus 350 XWB que se dan la mano, ambos, ante la encarnecida lucha por el liderazgo mundial de la aviación comercial.

Cuando vuelas en un avión semejante sufres un antes y un después ante la permanente ansiedad que en mucho o en todo, todos los seres humanos experimentamos al embarcar.

Su silencio, suavidad, sensación de control, otorga una confianza inigualable hasta ahora todo ello desde el plano de la experiencia de usuario como se dice ahora.

Pero aún por encima, me consta que, en la fabricación de este tipo de aparato, nuestra industria tiene un peso específico clave, ya que, durante décadas, España ha sido quien se ha ido preparado para la fabricación en materiales compuestos, tanto desde la óptica de bienes de equipo, como por ejemplo la empresa M Torres, líder mundial en maquinaria de fabricación compuesta, como en utillajes y piezas de vuelo.

La puesta de nuestros empresarios por este camino de la innovación en materiales, además de la nueva tecnología de la fabricación aditiva, que está claramente posicionada a revolucionar el diseño, a buen seguro que dará sus buenos réditos para todos y es ahí donde toda la cadena de suministro, en la que me incluyo, debemos espabilar para hacer de esta oportunidad una fortaleza de nuestra competitividad.

Enhorabuena por hacer las cosas tan bien y que permitan un mejor progreso de la humanidad.

Muchas gracias.

Natxo Vadillo – Compitte –